2014-04-11

El carabinero que se convirtió en lonko en La Araucanía

Con su trarilonko en la cabeza, el mayor de Nueva Imperial Ismael Opazo se convirtió en el líder de la comunidad mapuche de Lamecura Durante los últimos años, la relación entre mapuches de La Araucanía y carabineros ha estado marcada por la tensión, principalmente en localidades cercanas a Ercilla. Sin embargo, a 120 kilómetros de la zona roja del llamado conflicto mapuche, en la comuna de Nueva Imperial, el nombramiento del mayor Ismael Opazo Barra como lonko o jefe de la comunidad Lamecura (en mapudungún muerto en la piedra), ha sido tomado por sus habitantes como la muestra de que el trabajo coordinado puede ser una vía para la integración y aprendizaje. Según el uniformado, de 43 años, el hecho fue “una sorpresa y a la vez un honor”, pues ser designado lonko es uno de los reconocimientos más importantes que un mapuche le puede realizar a un huinca (persona que no pertenece a la etnia). No se trata del primer nombramiento de un carabinero, pues el ex suboficial Luis Huequimilla recibió el mismo título y se convirtió en presidente de la Asociación Indígena Lafkenmapu, en Lago Ranco, Región de Los Ríos. El oficial narró que la ceremonia se realizó el 28 de marzo, cuando se desarrollaba una reunión ampliada de las Juntas de Vigilancia y Desarrollo Rural, donde participan 40 comunidades. “No es común que un carabinero asuma este puesto. Hay que tomarlo con mucha responsabilidad y con mucho respeto hacia su cultura”, dijo. Su cercanía con el mundo mapuche nació en 2012, cuando fue trasladado desde la Región de O’Higgins a la Cuarta Comisaría de Nueva Imperial. Durante los primeros meses en el cargo Opazo se informó sobre las principales necesidades de la zona y sus habitantes. Una de ellas era el incremento del abigeato en las localidades rurales. “Hicimos un estudio relacionado a las consecuencias que acarreaba el delito. Acá hay mucha pobreza y si se roban animales trae una serie de efectos colaterales, como quedarse sin un medio de carga y transporte”, comentó. Además, durante dos años los uniformados han realizado rondas en las horas en que se cometían los ilícitos, circulando por caminos de difícil acceso, sobre todo en invierno. Las medidas tuvieron efectos positivos y los delitos disminuyeron. Opazo destacó que la reducción de los robos tuvo una segunda consecuencia, pues se generó un estrecho lazo entre los agricultores mapuches y los funcionarios que trabajaban en los operativos, pues compartieron alimentos, conversaciones y formas de ver la vida. “Se formó una relación más allá de las visitas, porque cooperamos en el traslado de los adultos mayores al hospital, hicimos gestiones para que se pudieran adquirir bienes inmuebles. También conseguimos sillas de ruedas. Nosotros, por otro lado, conocimos su cosmovisión. Son gente muy buena que lo único que quiere es trabajar, cuidar sus animales y vivir tranquilos”, afirmó. Por su parte, el werkén de la comunidad Lamecura, Samuel Calfil, explicó que “la idea nació para reconocer el apoyo que nos ha dado. Primero pensamos en un diploma, pero como eso no es parte de nuestra cultura, se pusieron de acuerdo las autoridades mapuches y se decidió darle el trarilonko (cintillo), hecho especialmente para él, que lo identifica como autoridad desde los huincas entre los mapuches”. Agregó que puede transitar libremente por los campos “trayendo sus consejos y orientaciones desde las comunidades que están representadas por el cintillo”. El diseño de la prenda incluye nueve círculos que son los destacamentos que comanda en la zona urbana. Más los triángulos en la frente, que muestran su autoridad y los signos en sus costados representan la tierra y la naturaleza. Además del nombramiento del mayor Opazo, también ungieron como toqui (líder guerrero) al cabo segundo Patricio Riquelme, porque “es ayuda para la planificación, para perseguir a los delincuentes y por eso su trarilonko tiene unos tejidos e hilos de color rojo”, señaló Calfil. El lonko de la comunidad compuesta por alrededor de 35 familias, Roberto Huilipán Picunche, con un escaso español explicó que la idea de declararlo como su par buscó reconocer la labor desinteresada y el compromiso por querer ayudarlos. “Nos pone contentos, porque sirve para orientar en el trabajo y para perseguir a los ‘güeñefe’ (malos), a través de la red de protección que tienen en el campo a favor de nuestra gente”, manifestó, aclarando que el cargo tiene aspectos religiosos y administrativos. “Ahora somos iguales en autoridad, pero él tiene que aprender ahora a hablar mapudungún, para estar más iguales todavía”, enfatizó. “Estoy muy contento y me hace seguir trabajando de la misma manera. Espero poder guiarlos en la parte técnica, en trámites con el municipio. De hecho, estamos en un proyecto de adquisición de radios para que nos podamos comunicar. Cualquier avance servirá para mejorar su calidad de vida”, comentó Opazo. Añadió que “desde que nos pusimos a trabajar he tenido una muy buena relación. Se contrapone de lo que se ve en Ercilla, pero nosotros nos hemos alineado en aportar en lo que se requiera. Son gestos que se han valorado y por eso nos consideran uno más. Todo esto se la logrado con el entendimiento y mucho respeto entre ambos”.

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