2022-10-04

INDIOS CHILENOS

"Todo el territorio de los araucanos es hermoso y fértil, alternando las montañas, los valles y las grandes llanuras donde pastan un gran número de ganado salvaje. Las regiones que están más cerca de la cordillera son bastante heladas por su situación, pero el territorio entre ésta y el océano es de un clima temperado. Los araucanos, tribu valiente, no han podido nunca ser sometidos y después de la última batalla grande, que tuvo lugar en 1773, el gobernador español que firmó la paz les dio el derecho de mantener un representante en Santiago. Todavía mantienen su independencia.

 Cuando estos indios hacen sus embajadas, lo que sucede todos los años, antigua tradición de la época española, vienen en grupos de veinte o treinta individuos encabezados por un cacique y acompañados desde la frontera por un interprete chileno que constituye la garantía de que se trata de un viaje pacífico. Es costumbre que el cacique sea obsequiado con vestuario nuevo, generalmente algún uniforme del ejército. Los parientes reciben collares de abalorios u otros adornos. 

Sus estadas acostumbran durar catorce días o tres semanas durante lo cual pasean por la ciudad acompañados del interprete. Se muestran tranquilos y son festejados por los habitantes. He visto a algunos de estos indios famosos en la historia de Chile. Tienen la misma estatura que los demás aborígenes sudamericanos, pero no son tan pequeños como las tribus vecinas. Son fuertes y musculosos y poseen un aspecto orgulloso, algo desafiante. El cutis es más blanco que el de los demás indios de la región. 

Llevan una vida simple y dura, andan casi todos los días a caballo y si se agrega la atmósfera fresca que respiran y su alimentación sana, no debe extrañarnos que alcancen una edad avanzada. Son sufridos y pacientes en el trabajo, valientes en la guerra y crueles contra sus enemigos, pero son hospitalarios con el extranjero, huinca, que les visita para asuntos pacíficos y su hospitalidad en esos casos es segura. Su vestido es parecido al de los huasos chilenos con excepción del calzado. 

Usan botas de potro, fabricadas, como señala su nombre, del cuero de los muslos del caballo, estrechas y pegadas al extremo inferior. El poncho que los jefes usan es más refinado que el que usan los huasos. Los caciques tienen una apariencia muy decorosa y casi elegante.

 Es curioso cómo estos hijos de la naturaleza, después de haber tenido un temor pánico por un animal salvaje para ellos, el caballo, han aprendido más que en la mejor escuela de equitación, mejor que un cosaco, a domarlo y dominarlo. Se puede asegurar que el indio en esto supera también al huaso. Sus niños casi nacen en el lomo del caballo y sus mujeres montan tan ágilmente como los hombres y en la misma forma. Entre las mujeres se encuentran tipos hermosos a lo cual contribuye no poco su talla no corpulenta, sus pequeños pies, pero sobre todo su tez blanca pues existen mujeres araucanas tan blancas como las europeas. Ellas llevan una bata en la forma de los trajes de las mujeres laponas, amarradas alrededor de la cintura y encima un poncho o paño como bufanda. 

Desde la barbilla hasta el pecho la garganta está rodeada y cubierta de abalorios de distintos tamaños y colores, de placas y cruces de plata y oro. Alrededor de los brazos y también a veces de los pies llevan guarniciones de plata y en los dedos un gran número de ajorcas de oro o plata y anillos de piedras preciosas. 

 Tanto hombres como mujeres se bañan diariamente en algún lago o arroyo y son muy buenos nadadores. Sus rucas, habitaciones de barro y totora, están colocadas a gran distancia unas de otras en aldeas. Generalmente viven a orillas de un rio o en un plano con acceso a agua. 

Cuando están de viaje llevan cierto número de cueros para armar tiendas, tolderías provisorias en los lugares donde se detienen. Sus rucas rodeadas de árboles se ven bastante bonitas; bajo esos árboles se reúne toda la familia en el verano para comer a la sombra. 

También celebran grandes fiestas donde a menudo se juntan varios miles de personas y en esas ocasiones cada uno trae sus alimentos y su chicha que después se sirven y comen en común. El jefe de un gran territorio se llama toqui, es quien manda un distrito entero, y ulmen o cacique el que bajo el toqui gobierna en las comunas o subdivisiones del territorio. El toqui es también el capitán en la guerra. Los araucanos son reputados por su oratoria y elocuencia aquí como en Norte América.

 Cuando algún asunto importante debe ser decidido, por ejemplo, la guerra o la paz, la elección de un toqui, etc., se reúnen todos los hombres del distrito en un lugar abierto para consultarse y tomar resoluciones en conjunto. Entonces los jefes siempre dirigen largos discursos a los allí reunidos.

 De la misma manera, corresponde a los jefes, durante las batallas, exhortar con discursos y gestos a la tropa para infundirles coraje. Su territorio está dividido en cuatro partes, a saber el distrito de los lagos, la llanura, el que está al pie de la cordillera y el que ocupa el Este de la gran montaña. 

Cada uno de esos distritos es gobernado por un toqui, pero cuando la tribu está en guerra se elige un jefe común para todos. Cualquier araucano puede obtener esta dignidad si recibe la mayoría de los votos y generalmente eligen al más fuerte y valiente. 

Tan luego como firman la paz, termina el cargo de este jefe principal. Son todos gente valiente y marcial, sus ataques en la guerra son tremendos porque aunque columnas enteras caen bajo el fuego de los cañones avanzan resueltamente hacia su enemigo y si logran una batalla cuerpo a cuerpo, es generalmente suya la victoria. 

Como ya he mencionado, se han criado a caballo de manera que son buenos jinetes y fuera del lazo, la lanza, el sable y últimamente el fusil, manejan diestramente otra arma, las boleadoras, con las cuales pueden derribar al enemigo a gran distancia. 

El gobierno de Chile ha tratado de cultivar la amistad de los araucanos y lo mismo el gobierno de Buenos Aires, en parte para evitar de esta manera la guerra y también para conducirles poco a poco a la civilización. Sin embargo parece que estos indios, lo mismo que los norteamericanos, no quieren cambiar su modo de vivir heredado de sus antepasados".

 C. E. BLADH "Republiken Chile Aren 1821-1828". 
 Estocolmo, Suecia. 1837.

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